En los últimos años, la política chilena parece atrapada en un bucle de promesas de cambio que terminan naufragando en las aguas del consenso de la vieja elite. Lo que en las calles se exigió con fuerza transformadora, en los pasillos del Congreso y en los palacios de gobierno se ha ido diluyendo en tecnicismos, pactos de pasillo y el eterno retorno a la «medida de lo posible».
Hoy nos encontramos ante un escenario donde la desafección ciudadana no es apatía, sino el síntoma de una crisis de representación profunda. Las instituciones vigentes siguen blindando un modelo económico que precariza la vida de las mayorías, mientras la clase política tradicional —tanto la derecha empresarial como los sectores progresistas acomodados— se esmera en mantener el statu quo.
Las Dos Caras de una Misma Moneda
Por un lado, observamos el avance de una narrativa reaccionaria que instrumentaliza el miedo legítimo a la delincuencia y la inestabilidad económica para justificar agendas autoritarias y retrocesos en derechos sociales. Por el otro, vemos a una centroizquierda y un progresismo institucional que, habiendo llegado al poder con banderas de transformación, han terminado administrando el mismo modelo neoliberal con un lenguaje más amable, pero con los mismos resultados de siempre: salud segregada, pensiones de miseria a merced de las AFP y un costo de la vida asfixiante.
El verdadero problema de la política actual no es la falta de acuerdos, sino que los acuerdos siempre se firman a espaldas del pueblo trabajador y en favor de los grandes grupos económicos.
La Necesidad de una Alternativa Desde Abajo
Frente a este panorama, desde Alternativa Socialista sostenemos que la salida no vendrá de la mano de los mismos partidos que han sustentado las injusticias de las últimas décadas, ni de las falsas promesas de la extrema derecha.
La verdadera política, la que transforma las realidades, se construye desde las bases:
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En los sindicatos, levantando la voz por sueldos dignos y condiciones laborales humanas.
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En las poblaciones, organizando la solidaridad y la resistencia frente al abandono estatal.
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En los movimientos socioambientales, defendiendo nuestros territorios del extractivismo voraz.
Nuestro Horizonte: Romper el Consenso Neoliberal
No podemos seguir aspirando a migajas. La crisis política chilena solo se resolverá cuando recuperemos los recursos estratégicos para ponerlos al servicio de las necesidades sociales, cuando garanticemos derechos universales y desmercantilizados (salud, educación, vivienda y pensiones), y cuando democraticemos profundamente las decisiones del país.
Hacemos un llamado a las y los trabajadores, a las juventudes y a los movimientos populares a no caer en el escepticismo paralizante. La frustración actual debe convertirse en organización independiente. Es momento de levantar una alternativa política propia, socialista y de ruptura, que no le deba favores a los empresarios y que esté dispuesta a llegar hasta el final por la dignidad de nuestro pueblo.
¡A romper el inmovilismo y a construir la alternativa de la clase trabajadora!




